Dentro de esta
perspectiva, el acto sexual tántrico es vivido de manera muy diferente al
ordinario, el profano. En el Tantra, no es el hombre el que «hace» el amor
-más o menos bien- con la mujer, sino que dos repúblicas celulares, dos
universos, se unen. El hombre y la mujer están conectados entre sí, los
intercambios se hacen en todos los planos. Gozar es entonces un
subproducto no esencial. En lugar de estar centrado en su placer egoísta,
cada uno se abre al universo corporal del otro como al suyo propio. El
orgasmo no se rechaza, pero no tiene importancia real, ni para Shakti, ni
para Shiva.
El maithuna
tántrico ritualizado, sacralizado, crea así una relación muy diferente al
contacto profano, gracias a esta actitud comtemplativa del otro y del
acontecimiento que constituye la unión.
Entre los
occidentales, Alan Watts ha captado bien esta actitud alternativa:
«Vivido en total
apertura de espíritu y de sentidos, el amor sexual se convierte en una
revelación. Mucho tiempo antes de que se produzca el orgasmo masculino, la
pulsión sexual se convierte en lo que podría describirse,
psicológicamente, como una cálida fusión de la pareja: él y ella parecen
fundirse verdaderamente uno dentro de otro. Nada se hace para que las
cosas se produzcan. Sólo hay un hombre y una mujer que exploran sus
sensasiones espontáneas, sin idea preconcebida en cuanto a lo que debería
pasar, pues la contemplación no concierne a lo que debería suceder sino a
lo que es. Se trata de establecer una corriente de intercambios entre los
sentidos y su objeto, sin prisa, sin ningún deseo de posesión. En nuestra
cultura, donde falta esta actitud, el contacto es breve, el orgasmo
femenino raro o escaso, el hombre demasiado precoz, forzado por
movimientos prematuros.»
«La relación
contemplativa inmóvil prolonga los intercambios casi indefinidamente,
frena el orgasmo masculino sin molestias, no obliga al hombre a apartar
forzadamente su atención del acto. Además, una vez habituados a este
enfoque, se podrá ser muy activo, durante mucho tiempo, gratificando así a
la mujer con un máximo de estimulación.»
Aunque esto no sea
el Tantra, donde este intercambio comtemplativo es un simple preliminar,
su mérito esencial es otorgar tiempo a la experiencia, lo que resulta
indispensable para la participación total de cada célula. Implicar a cada
fibra del cuerpo de cada uno de los miembros de la pareja lleva más de
diez o quince minutos!
Recuerda que la
meta tántrica es la condición de Unidad. En términos más «actuales»,
podríamos decir que la meta consiste en lograr la autorrealización o la
integración personal, o simplemente la totalidad. La palabra tántrica para
el Uno es Shiva-Shakti, que se refiere a la unión de la consciencia
cósmica con la energía creativa, la fuerza que mueve la creación, la
combinación perfecta de lo masculino y de lo femenino que forman el Uno
indiferenciado.
En el cuerpo
residen Shiva y Shakti, que penetran y animan todas las cosas. En el
cuerpo está Prakriti-Shakti y todos sus productos. El cuerpo es un inmenso
depósito de poderes (Sakti). El objetivo del rito tántrico es llevarlos a
su plena expresión.
Todo lo aquí expuesto debe
necesariamente ser comparado con lo expuesto por los Maestres de la
Ferrière y Ferriz Olivares en su Literatura y consultarse personalmente
con el R. B. Jñàpika Satya Gurú.