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Mantra y Yantra, magia de encantación
 

 

Escribir algo sobre el Tantra sin hablar de los mantras sería como describir nuestra civilización sin mencionar la electricidad. El mantra es uno de los elementos más importantes del ritual tántrico. Un solo mantra puede bastar para concentrar energía más intensamente que la que que se ha cristalizado antes en una representación más tosca o corporal.

Desde hace milenios, el Tantra conoce y utiliza los poderes curativos y revitalizantes para el cuerpo y el espíritu del pranava (el om) y de las seis sílabas gérmenes (bija mantras) hram, hrim, hrum, hraim, hraum, hrah, cada una de las cuales actúa sobre una parte del cuerpo o sobre un órgano preciso. Ahora bien, la tradición tántrica unánimemente insiste en el hecho de que el mantra debe ser viviente, es decir, trasmitido de boca en boca, pues su pronunciación debe ser rigurosamente correcta, so pena de ineficacia, o peor aún, de peligros.

Es imposible, por lo tanto, transmitir esta ciencia en su totalidad, pero es posible dar la indicaciones fonéticas precisas que permitan, después de algunos tanteos, emitir correctamente un número suficiente de mantras eficaces y benéficos.

Om, es la sílaba mística gracias a la cual el hombre puede entrar en contacto intuitivo con la raíz misma del Universo. Om es la sílaba-germen del Universo, la hija, de la que se derivan todos los otros sonidos. Pero hay om y om... el om del sistema brahmánico, tanto en la India como en Occidente, es el om-pez-rojo. En efecto, si pronuncio «om - om - om - om» sucesivamente en una sola expiración, abro la boca en cada «ooo» y la cierro en cada «mmm», ­como el pez rojo en su pecera!

Nada semejante ocurre con el om tántrico oculto: ya sea emitido solo, para él mismo, ya para introducir otro mantra, como «Om namah Shivaya», o el célebre «Om mani padme Hum» de los budistas, o repetido en cascada, la boca permanece abierta durante toda la emisión. En algunos casos ni siquiera se cierra en la inspiración.

Pero, ¿cómo encontrar ese om del Tantra sin ser un iniciado? Así: Abro la boca bien abierta, bostezo y luego ataco un «aaa» como si el doctor quisiera examinarme el fondo de la garganta, o como si hiciera gárgaras. Dejo que la lengua se aplaste en el fondo de la boca, que se cierra ligeramente para dibujar una «O». El sonido se convierte entonces en una «aaa» grave teñida de «o», por tanto, ni una verdadera «a» ni una verdadera «o». Nace en alguna parte entre las orejas y hace vibrar el paladar, el cráneo y el tórax: si pongo la mano plana sobre el esternón lo percibo muy bien. Cuanto más grave, más vibra el tórax. Luego, siempre con la boca abierta, llevo la lengua hacia atrás y hacia abajo para inmovilizar la glotis: la «o» cesa y el sonido se convierte en un «mmm» sordo. ­De modo que la «O» del Tantra no es una verdera «O» y la «M» del Tantra no es tampoco una verdadera «M»! En realidad se escribe «m» pero se pronuncia como el «ng» nasal del «long». Ese «ng» hace vibrar las aletas de la nariz, el paladar, la caja craneana y el tórax. Por lo demás hay que buscar al máximo la riqueza vibratoria. Ahora sigo -siempre con la boca abierta- dejando vibrar el «ng» solo: el sonido es puramente nasalizado, craneizado.

Luego, con un ligero movimiento de la lengua hacia adelante el «ao» vuelve a formarse y llena el espacio que me rodea ¿Donde está la diferencia? Si presto atención, escucharé el «ng» vibrar permanentemente. Es el ruido de fondo sobre el cual el «ao» se inscribe y se borra alternativamente: el «ng» es continuo, al «ao» alternativo. No es por tanto un «ao» seguido de un «ng...¿, sino los dos superpuestos. El punto en el que la conciencia toca el sonido penetrante final se alcanza en el extremo de la vocalización prolongada, que penetra en el cráneo, de este mantra simiente del cosmos, la vibración más aguda del zumbido nasal en que termina Om, que, en el alfabeto sánscrito, se escribe en forma de punto. Aquí se juntan los puntos del sonido y la luz, indescriptiblemente sutiles y pequeños, pero también capaces de abarcar todo el mundo de cosas manifiestas en la historia cósmica.

¿Complicado? Al leerlo, sí... ­Sin embargo, eso no es todo! Probando un poco, encontraré el «ngaong... » correcto, el que me guste más. Cuando lo haya encontrado, al mismo tiempo me llena interiormente y se escapa de todas partes. Sale del rostro y del tórax, de la parte posterior de mi cráneo, de la espalda, de las caderas. ¡Tengo la impresión de que lo invade todo a mi alrededor, de que toda la habitación vibra!

(El mantra de Shiva. Una súplica al ser interior, un homenaje al mismo, un instrumento para conscienciarlo.)

Los principales Bija-Mantra y su representación en sánscrito. La lista no es exhaustiva, pues existen numerosos mantras.

En el Tantra, yantra designa un diagrama mágico-simbolico en dos o tres dimensiones, que va de un simple punto o del triángulo, hasta el templo hindú, gigantesco complejo yántrico con propiedades ocultas. El yantra está relacionado con el mantra. La función del yantra en la esfera de lo visible es análoga a la del mantra en la esfera de lo sonoro. De la misma manera que el mantra es un núcleo de sonido por medio del cual las fuerzas cósmicas y corporales se concentran en un ritual, el yantra es un núcleo de lo visible y cognoscible, un diagrama interrelacionado de líneas por medio del cual se concentran energías visualizadas.

Ésta es una de las formas que sirven para hacer funcionar el mecanismo psicocósmico, y constituye también uno de los aspectos del arte Tantra que más gusta a la gente que se siente decepcionada con el huero conceptualismo de buena parte del arte moderno. Pero en la práctica sólo los sadhakas muy avanzados llegan a captar las verdaderas formas implícitas en el yantra y el mantra, y ésta es la razón de que la mayor parte de los occidentales normales no consigan captarlos intelectualmente; incluso en la India, la verdadera naturaleza del yantra suele ser mantenida en secreto, y ese secreto sólo se puede indicar verbalmente entre sadhakas, y jamás se escribe.

Hay, sin embargo, ciertas cosas que pueden ser explicadas. En primer lugar, es evidente que cuesta mucho tiempo y esfuerzo elaborar el contenido de las imágenes almacenadas en cualquier complejo yantra-mantra. Las realidades a las que se alude en esquemas condensados de visión y sonido sólo pueden llegar fácilmente a la mente después de larga práctica. Y luego, también, cuando se va a usar un yantra en alguna ocasión concreta, hace falta una gran concentración durante un largo período se se quiere concretar la presencia del devata por medio de los esquema-mantra que constituyen su sutil anatomía.

En segundo lugar, el modelo general que sigue la mayor parte de los yantras, o incluso todos ellos, ha de ser constante. En torno del perímetro hay un diseño cuadrado de «puertas» de reingreso. Este diseño representa el «cerco» en cuyo interior está encerrado el ser meditativo; los circuitos sucesivos que hay en su interior representan «vainas» o fases sucesivas de intimidad, mientras los múltiples pétalos o triángulos exteriores están ocupados por formas «más toscas» de energía, que son absorbidas y progresivamente concentradas en los circuitos interiores menos proliferantes. El centro es el punto donde se concentran finalmente todas las irradiantes energías originarias, como «Om» o «Klim». Las identidades-mantra de todos los circuitos básicos pueden aparecer también en forma antropomórfica, como devatas.

En el gran Sri Yantra, el más importante de todos los yantras tántricos, cada uno de los triángulos exteriores está ocupado por los devatas que representan el ser-energía subdividido de la Diosa. Aunque, naturalmente, el yantra tiene el doble aspecto tántrico típico, el Sri Yantra queda mejor explicado desde el punto de vista de la Génesis. En la meditación se usa en dirección revertida, lo que sirve para encauzar, desde el borde exterior hasta el «punto» final, todas las constataciones de energía cósmica del sadhaka. Pero como este gran yantra constituye la imagen misma del proceso de creación, metafísicamente sexual, penetrarlo equivale a intuir toda la idea metafísica tántrica subyacente.

El mándala Kalachakra, el más complejo de la tradición tibetana, representa a 722 deidades. Hace referencia a uno de los textos tibetanos, el Tantra Kalachakra, que contiene una cosmología y una teoría apocalíptica de la historia.

Durante la exposición «El arte sagrado del Tibet», organizada en Barcelona por la Fundación "la Caixa", unos monjes tibetanos realizaron un mándala Kalachakra con arena. Según los filósofos tibetanos, cuando un mándala está hecho de arena, la bondad que transmite se multiplica por el número de granos de arena que contiene.

Todo lo aquí expuesto debe necesariamente ser comparado con lo expuesto por los
Maestres de la Ferrière y Ferriz Olivares y por el R. B. Jñàpika Satya Gurú en su Literatura

 

 

 

Respetable Jñápika Gurú Dr. Pablo Elias Gómez Posse.

E Mail: aum_jnapika_satya_guru@hotmail.com
 


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