El control de la eyaculación

 

El budismo tántrico y el taoísmo exigen el control absoluto de la eyaculación, que en principio no debería suceder jamás, mientras que los maestros indios la aceptan a veces.

Sabemos que la retención del esperma permite al hombre prolongar indefinidamente el acto, intensificarlo hasta el paroxismo, para llegar así al verdadero orgasmo y acceder a niveles de conciencia superiores, que la eyaculación impide. Esta proeza requiere un control génito-urinario absoluto, especialmente de los esfínteres. Para lograrlo, un procedimiento muy bueno consiste en orinar por escalones sucesivos, más que en un solo chorro, como todo el mundo.

¿Cómo? Es fácil, siempre que se respeten las reglas. Se suelta un poco de orina durante uno o dos segundos, luego se para, se retiene unos segundos (cinco o seis), luego se deja salir otro chorro parsiomonioso, y así hasta que la vejiga está vacía.

Durante la retención, uno imagina que reabsorbe la orina en la vejiga, haciendo un enérgico «mula bandha», es decir, contrayendo fuerte y simultáneamente los dos esfínteres así como el músculo elevador del ano, lo cual produce una sensación particular, difícir de describir, con frecuencia acompañada de estremecimientos a lo largo del espinazo. En suma, basta con intensificar lo que se hace espontáneamente cuando no se puede satisfacer una necesidad imperiosa de orinar. En cuanto al número de chorros, variará mucho de una micción a otra; en principio se trata de intercalar un máximo de escalones, en general de cinco a diez. Practicada regularmente (como una simple costumbre), esta técnica, al alcance de todos, facilita mucho el control de la eyaculación.

Hasta aquí hemos puesto el acento en la contracción de estos músculos, cuya acción se puede verificar fácilmente: al contraerlos voluntariamente durante una ereccíon, el lingam se mueve y se acerca al cuerpo. Sin embargo, para controlar la eyaculación, hay que pensar en distenderlo voluntariamente cuando se acerca el punto límite.

Para ejercitarse, preferentemente durante una erección, hay que contraer al máximo estos músculos con un «mula bandha» los más apretado posible, hasta que eventualmente un temblor recorra el espinazo. Luego -y aquí está lo esencial del ejercicio- hay que distenderlos: inmediatamente disminuye la tensión en el lingam, que se aleja un poco del cuerpo. Después hay que volver a contraerlos durante algunos segundos y distenderlos seguidamente, insistiendo sobre todo en la distensión. Acentuando la fase de distensión y prolongándola, la erección se debilita y termina incluso por desaparecer.

Este procedimiento puede ser utilizado ya en el próximo contacto sexual. Al principio, este control, que se adquiere fácilmente, se hace permaneciendo inmóvil; luego esta relajación muscular se hará incluso durante los movimientos coitales. Es muy eficaz para alejarse de la zona límite, y evitar así la eyaculación.

Si Shiva observa sus propios comportamientos reflejos cuando se acerca la eyaculación, además de la alteración del ritmo y de la amplitud de la respiración, observará una fuerte tensión en los músculos de las nalgas, del vientre, de la parte inferior de la espalda y del lingam. Si se deja ir, como es lo usual, se desencadenará el irreprimible reflejo eyaculatorio, en el que participan todos esos músculos.

Entonces, para retrasar o impedir la eyaculación, hay que controlar cuando se acerca el punto límite, la respiración, como ya se ha indicado, y -sin inmovilizarse necesariamente- hay que pensar en todos esos músculos y relajarlos. Gracias a esa relajación, sus movimientos se vuelven más flexibles, más armoniosos, y su ritmo resulta más agradable para Shakti. Pero es la relajación de los músculos del lingam lo que más ayuda a dominarse: la erección se debilita un poco, y después de abandonar la zona peligrosa, la experiencia puede continuar.

Con la práctica, el tántrico podrá dejar libre curso a Shakti hasta su éxtasis último, evitando acercarse demasiado al punto limite, sobre todo al comienzo. Identificándose con ella, participará en su goce, y su propia felicidad superará, de lejos el demasiado breve placer eyaculatorio. Este estadio ya es muy superior a lo que experimienta el hombre corriente, aunque todavía no constituye el acmé absoluto.

Todo lo aquí expuesto debe necesariamente ser comparado con lo expuesto en la Literatura de los Maestres de la Ferrière y Ferriz Olivares y del R. B. Jñàpika Satya Gurú.

 

 

Respetable Jñápika Gurú Dr. Pablo Elias Gómez Posse.

E Mail: aum_jnapika_satya_guru@hotmail.com
 


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